Elecciones 2027: El PAN y el regreso del hijo pródigo
PAN En tiempos electorales pasa algo muy simple: la gente se cansa. Se cansa de tanta propaganda, de tantos videos, de tantas bardas pintadas, de tantas redes sociales, de tantos espectaculares, de tantas portadas de revistas y de tantos mensajes que prometen escuchar, incluir y cambiarlo todo.
Llega un momento en que ya no se sabe quién es quién.
Y así, entre tanto ruido, elegir por quién votar se vuelve más difícil. Más todavía cuando los partidos y los candidatos no inspiran confianza, sino dudas.
En el caso del PAN, el problema no es menor. Durante años se fue pareciendo a eso que decía combatir.
Se cerró, se repartió entre los mismos, entre amigos, dejó fuera a muchos, y fue perdiendo una parte importante de la confianza ciudadana que tenía.
Por eso ahora llama la atención lo que está prometiendo en su segundo evento de relanzamiento, un relanzamiento más.
El PAN asegura que quiere abrirse, que ahora sí la ciudadanía va a contar en la definición de candidaturas, que ya no decidirán las cúpulas de siempre y que habrá encuestas ciudadanas para definir los perfiles.
Dicho más fácil: que ahora sí quiere ser un partido de ciudadanos.
Pero, ¿por qué hasta ahora?
La desconfianza no apareció sola. Se fue acumulando con los años. Con puertas cerradas. Con grupos internos de afines repartiéndose espacios. Con candidaturas que muchas veces parecían decididas desde mucho antes. No fue invento de nadie.
Fue una práctica que fue alejando a mucha gente y que terminó por hacer ver al PAN menos como un partido ciudadano y más como un grupo de muy pocos.
Ahí está el asunto. El PAN vuelve a buscar a los ciudadanos, justo cuando más los necesita. Justo cuando el país está polarizado, cuando el poder se incomoda cada vez más con la crítica y cuando la oposición entendió tarde algo básico: sin la sociedad, no se logra nada.
Por eso viene bien la imagen del hijo pródigo. No en sentido religioso, sino político. Un partido que desperdició parte de su capital moral y político, que perdió cercanía con la gente, que se acomodó en sus inercias y ahora quiere volver para recuperar la confianza ciudadana que dejó ir.
Quiere volver a ser opción. Quiere volver a tocar la puerta y decir que todavía tiene lugar para el ciudadano.
La duda, sin embargo, ésta ahí. Porque una cosa es cambiar el discurso y otra cambiar de verdad.
Una cosa es hablar de participación ciudadana y otra demostrarlo cuando lleguen las candidaturas, los nombres y las decisiones que de verdad importan. Ahí se va a saber si esto es serio o si solo es otra jugada electoral.
También hay que decirlo: frente a los excesos del oficialismo, no es poca cosa que un partido diga que quiere abrirse a la ciudadanía. En el papel, suena bien. Puede ser una oportunidad. Puede ser incluso una forma de corregir parte de lo que se ha venido descomponiendo en la vida pública en México.
Pero todo depende de los hechos. Si el PAN realmente se abre, si de verdad deja entrar a los ciudadanos y les da espacio real, puede empezar a recuperar algo de lo mucho que perdió. Si no, la historia será la de siempre: el hijo pródigo regresó, sí, pero regresó solo porque volvió a necesitar la casa que un día decidió dejar, solo porque no tiene adónde ir.
La Silla Vacia.