Elecciones 2027: el Congreso de Guanajuato y la descalificación en lugar de la propuesta
GPPANEn política también hay días que retratan.
No explican todo, pero enseñan mucho.
Eso pasó esta semana en el Congreso de Guanajuato.
Lo que debía ser una tribuna pública terminó pareciendo otra cosa: un ring, una arena, un espacio donde las bancadas dejaron de hablarle a los ciudadanos y empezaron a hablarse entre ellas, con enojo, con pancartas, con señalamientos y con frases que no construyen nada.
Morena y PAN chocaron de frente. Unos hablaron de traición; otros, de “narcogobierno”.
Después vinieron las respuestas, los gritos, las acusaciones cruzadas y ese lenguaje que se está normalizando en la política nacional y que ahora se instala, sin pudor, en Guanajuato: pancartas, señalamientos de “narcos”, “agachones” y “vendepatrias”, además de reproches entre legisladores de ambas bancadas.
Y ahí está el problema. No es que los diputados discutan, porque para eso están.
No es que haya diferencias, porque debe haberlas. No es que el Congreso deba convertirse en una oficina de aplausos, porque no lo es.
Pero una cosa es debatir con argumentos y otra muy distinta es convertir la tribuna en una competencia de descalificaciones.
Porque mientras unos levantaban lonas y otros devolvían el golpe, las propuestas quedaron en segundo plano. Otra vez.
Guanajuato no necesita diputados que griten más fuerte; necesita diputados que piensen mejor.
Necesita legisladores que entiendan el tamaño del momento: seguridad, agua, movilidad, campo, empleo, salud, educación, justicia, desapariciones, extorsión, violencia familiar, pobreza y jóvenes sin oportunidades.
Eso espera la gente. No las frases de descalificación para las redes. No el aplauso de la bancada. La gente no paga un Congreso para ver pleitos.
La gente paga un Congreso para que se legisle y se mejoren las condiciones de vida de todos.
Y lo paga caro.

El dato no es menor. De acuerdo con el INEGI, en 2024 los congresos estatales ejercieron un presupuesto de 15 mil 934 millones de pesos.
En el caso de Guanajuato, el presupuesto ejercido por el Congreso del Estado ascendió a 499.6 millones de pesos.
Con esos números, el reclamo ciudadano es muy simple: si cuesta tanto, que sirva más.
Entonces, la pregunta es obvia: ¿para eso es el pleito?, ¿para eso es el espectáculo?, ¿para eso la tribuna?

Un Congreso que cuesta cientos de millones no puede conformarse con producir ruido y desorden. No puede quedarse en pancartas. No puede vivir de acusaciones. No puede medir su eficacia por quién insultó mejor o quién respondió más duro.
La política guanajuatense está entrando a una etapa delicada. El 2027 ya se siente.
Ya aparece en los discursos, ya mueve a los partidos, ya se mete en los eventos y ya empieza a contaminarlo todo. Y si este va a ser el nivel del debate, hay razones para preocuparse.
Porque Guanajuato no es un estado menor. Es un estado productivo, con municipios grandes, con problemas serios, que presume futuro, inversión, trabajo y capacidad.
Pero su clase política, por momentos, se está quedando muy por debajo de eso.
Y aquí no se salva nadie. El PAN no puede comportarse como si el Congreso fuera una extensión de su guerra contra Morena.
Morena no puede actuar como si todo se resolviera con acusaciones, consignas y pancartas.
Ambos tendrían que entender que una cosa es hacer oposición o defender gobierno, y otra muy distinta es rebajar la discusión pública al lodo.
Porque cuando la política se vuelve puro golpe, pierde el ciudadano. Pierde el que esperaba una ley, el que esperaba una solución, el que votó creyendo que alguien iba a trabajar. Y pierde también Guanajuato.
Lo que vivimos esta semana es una muestra de lo que puede venir si los partidos deciden vivir por adelantado la elección y olvidar la responsabilidad.
Porque todavía falta gobierno, todavía falta agenda y todavía falta mucho Guanajuato que atender. Pero si todo se va a leer en clave electoral, entonces cada sesión será un campo de batalla, cada tema será pretexto, cada problema será arma, cada tragedia será discurso y cada ciudadano volverá a quedar mirando desde afuera.
Como siempre.
Lo más grave no es el grito, no es la lona, no es la frase subida de tono. Lo más grave es la ausencia de altura, la falta de seriedad y la sensación de que nadie está pensando realmente en quienes están del otro lado de la curul.
En política también hay días que retratan. Y el Congreso de Guanajuato quedó retratado con mucho escándalo, con muchas ganas de pelear, con muy poca propuesta y con una ciudadanía que, otra vez, tuvo que mirar como espectadora de sus representantes.
La Silla Vacía.
