Falta de contrapesos al poder ya muestra señales de disfuncionalidad: ME
ME Ciudad de México.- La eliminación de contrapesos institucionales es ya uno de los mayores desafíos para el desarrollo de México. Allí donde las instituciones dejan de equilibrar al poder, surgen síntomas de disfuncionalidad: gasto ineficiente, desconfianza ciudadana, inseguridad y políticas públicas que se sostienen más por voluntad que por evidencia, se afirma en una publicación de México Evalúa.
El caso de la reforma judicial en los estados es ilustrativo. La elección de más de mil jueces locales superó los 3,600 millones de pesos. Este tipo de procesos no fortalecen la justicia ni la confianza en el Estado. Revelan, en cambio, que los contrapesos internos —legislativos, administrativos, ciudadanos— se han debilitado.
Otro ejemplo es Pemex: el gasto público se orienta a rescatar una empresa sin exigirle resultados ni transparencia, mientras se reduce la inversión productiva y social. También es sintomática la elevada percepción de inseguridad que lleva a que cuatro de cada diez personas evitan salir de noche y dos de cada diez ya no visiten a sus familiares. En ese contexto de desconfianza, el Estado establece la CURP Biométrica obligatoria, en cuyo diseño no se plantea mitigar el riesgo de mal manejo de datos personales.
Lo decimos claro: un Estado funcional no se define por la fuerza del poder, sino por la solidez de sus límites.
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Qué es lo que hace a un Estado funcional
El reto de todo gobierno es encontrar el equilibrio entre Estado y mercado que haga posible el progreso, plantea Luis Rubio, presidente de México Evalúa en su columna titulada “Gobierno y crecimiento”, y esto implica construir instituciones funcionales. Las naciones exitosas no comparten un modelo único, pero sí organismos gubernamentales eficaces que protegen derechos, resuelven disputas y garantizan el Estado de derecho.
Sin éste, la eficiencia del Gobierno depende del azar o del autoritarismo. La clave, más que la democracia, es un Estado funcional con contrapesos e instituciones que limiten al poder y aseguren rendición de cuentas. Donde esto falta, como en Venezuela, los gobiernos pueden ser fuertes, pero ineficaces. Tras décadas de políticas diversas —del gasto al endeudamiento, del intervencionismo al mercado— México no ha logrado un rumbo estable. Urge superar los extremos ideológicos y aprovechar la experiencia nacional e internacional para fortalecer al Estado y al mercado en función del desarrollo y no de la política.